Cuanto tiempo exactamente debemos tomar el sol al día?

Como tantas otras cosas, el sol es bueno… en su justa medida. Pero cuál es esa “justa medida”?

Tomar un rato el sol producirá un efecto bronceador en aquellas pieles con suficiente melanina, pero también tiene otros beneficios, mucho más saludables. La radiación solar, como fuente de luz ultravioleta UV, es fundamental para la producción de vitamina D, directamente relacionada con la formación y robustez de los huesos e importante en numerosas funciones metabólicas. La ausencia de esta vitamina se asocia con enfermedades como raquitismo, osteoporosis, debilidad muscular o incluso la presencia de algunos tumores. La exposición a cantidades limitadas de luz ultravioleta es también la única forma de sintetizar vitamina D en cantidades suficientes. Aunque se pueden obtener cantidades limitadas de vitamina D por medio de la dieta, el mecanismo más importante desde el punto cuantitativo para su obtención es la exposición a la radiación solar, especialmente a la radiación ultravioleta B.

Esto no quiere decir que debamos ponernos a tomar el sol indiscriminadamente, ni mucho menos. Tomar el sol en exceso o en días y horas de máxima irradiación conlleva a largo plazo el posible desarrollo de cáncer de piel como efecto más trascendental e indeseable, así como fotoenvejecimiento, aparición de manchas, arrugas, despigmentaciones, flacidez, etc.

Entonces, ¿cómo se cuantifica, reloj en mano, la cantidad de tiempo idónea para la generación de vitamina D y no excesiva para todos los demás problemas?

Los dermatólogos coinciden en que se precisa muy poco tiempo de sol para conseguir unos niveles adecuados de vitamina D. Aunque aún no hay un consenso definitivo por su parte, se considera que con 20 minutos de exposición tres días a la semana sería suficiente. Esos 20 minutos no tienen por qué ser continuados, sino a lo largo del día. Y tampoco en todo en cuerpo, sino en una extensión similar a la que ocupa una mano. Es por ello que el tiempo de exposición tendrá que ir en función de la superficie expuesta y de la intensidad del sol en el momento de la exposición. Asi ocurre que en los meses de otoño/invierno la mayoría de la población padece de deficit de vitamina D, y de exceso de exposición durante los meses de buen tiempo. Y es durante esos meses de calor cuando debemos tener precaución, pues hemos de entender que ponerse moreno —lo que requiere un tiempo de exposición al sol mayor—, aunque no se produzcan quemaduras, implica siempre rebasar la barrera de lo saludable.

Asi pues lo idoneo son exposiciones de poco tiempo, pero de exposición directa a una fuente de radiación UV ya sea natural o artificial. Se deberá tener en cuenta que los ambientes de interior, o recibir la luz a través de una ventana no producen vitamina D, y los días nublados, la sombra y la piel de color oscuro reducen la aportación vitamínica que produce la piel.

Se puede concluir que en un país como España, con el número de horas anuales de sol que hay y por su latitud, durante los meses cálidos, si hacemos una vida normal (recibiendo sol cuando vamos al trabajo, de paseo o realizamos actividades cotidianas en la calle) obtendremos la radiación ultravioleta necesaria para cubrir nuestras necesidades metabólicas sin necesidad de exposiciones adicionales. La vitamina D tiene además cierta capacidad de acumulación, por lo que podemos tener días de más sol y otros de menos para que la media sea igualmente saludable. Es en los meses de frio, cuando la exposición es insuficiente, que conviene hacer exposiciones controladas con el fin de mantener los niveles de vitamina D en sus límites optimos.

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